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El pensamiento cristiano
es trinitario, simbólico y relacional
Raimon Panikkar es uno de los grandes pensadores de nuestra
época, injustamente poco conocido en España, particularmente
en los ambientes de Iglesia. Hombre de una calidad intelectual y
humana excepcional, ha tenido un recorrido existencial largo, riquísimo
y fuera de lo común por las múltiples realidades que
en él convergen: la realidad humana con su múltiple
origen hindúcristiano, la realidad académica e intelectual
interdisciplinar (doctorados en filosofía, ciencias y teología),
pero también intercultural, interreligiosa... Todo ello hace
excepcional, particularmente valiosa e inclasificable su persona
y toda su obra. Con él tuve varios encuentros en el verano
y otoño de 2003 en Tavertet, un pueblecito del pre-Pirineo
catalán. La casa de Raimon Panikkar, es una antigua masía
rehabilitada, decorada con sobriedad, y en ella destaca la amplísima
y políglota biblioteca; imponente, inunda todas las dependencias.
Toda la casa huele a libros. Raimon, es un hombrecito con aspecto
más de indio que de europeo. En noviembre cumple 87 años,
magníficamente llevados; en seguida, uno encuentra en él
una increíble agilidad de movimientos y de pensamiento. Hablamos
en castellano, que él pronuncia con un inconfundible acento
catalán, una de sus múltiples lenguas que habla perfectamente
(inglés, alemán, francés, italiano, hindi...
sin olvidar el latín y griego clásicos, el sánscrito,
etcétera). Nuestras largas conversaciones siempre fueron
precedidas de una agradable comida compartida, bien regada con vino...
Sus palabras manifestaron enseguida que ser espiritual no significa
no saborear los pequeños placeres de la vida.
En una ocasión manifestó que en
usted se inicia una línea kármica. ¿Qué
ha querido decir con ello?
Me he dado cuenta de que en mí empieza algo que no tiene
antecedentes históricos, aunque yo no he caído del
cielo... El novum que se inicia conmigo está en ser
cristiano-hindú-buddhista- secular, usando símbolos
nuevos como decir que ser cristiano no significa ser monoteista,
en afirmar que Dios no es sustancia...
Hábleme de sus padres y de su infancia-juventud.
Mi padre, Ramun Panikkar era un hindú anglicizado que llegó
a recibir la medalla de oro del Imperio Británico, aunque
luego se volvió nacionalista. Procedía de una gran
familia malabar-kerala, de pequeños señores en el
norte de Kerala. Hizo sus estudios primero en Madrás y luego
en Inglaterra, donde consiguió los títulos de Master
of Arts y Master of Science. Allí fundó la sociedad
Indian Society for Science and Tecnologie, que estaba muy
en contacto con el movimiento independentista indio. Pero, por una
serie de circunstancias, al llegar la Guerra del 14 tuvo que escapar
de allí, viniendo al único país neutral: España,
a Catalunya. Prosperó en la industria y murió en 1954.
Mi madre, Carmen Alemany, era la hija pequeña de una gran
familia catalana, burguesa y católica, los Alemany. Se conocieron,
se enamoraron y, a pesar de la oposición familiar, se casaron
por la Iglesia. Tuvieron cuatro hijos. Tras hacer en Barcelona el
Bachiller y empezar químicas en la Universidad, con el comienzo
de la Guerra Civil tuvimos que irnos de España con lo puesto.
Como teníamos pasaporte inglés por mi padre, nos fuimos
desde el puerto de Barcelona a Marsella y desde allí a Bonn.
En el 37 mi padre pensó en volver a Barcelona y mi madre
volvió con él. Nosotros nos quedamos tres años
en Alemania, yo estudié esos años Química y
Filosofía en la universidad. Al sonar los tambores de guerra
en Alemania y terminada la guerra en España, volví
a Barcelona. Aquí tuve que reempezar los estudios de la Universidad.
Estudia Químicas en Barcelona y Filosofía
en Madrid, se ordena sacerdote, pertenece varios años al
Opus Dei, tiene problemas con un obispo y con Escrivá de
Balaguer1...
y acaba en Roma, donde estudia Teología... Luego se va a
la India, donde reside El pensamiento cristiano es trinitario, simbólico
y relacional varios años, simultaneando su estancia allí
con cursos en EE.UU y Europa, para acabar estableciéndose
en ¡California! ¿Por qué en EE.UU una persona
tan crítica con el capitalismo como usted?
Por los años 60 di clases en Harvard; dejé esa universidad,
porque había más libertad en la de California. La
Universidad era, entonces, un oasis en los EE.UU... Si te quedabas
en la clausura universitaria no tenías problemas...
De todos modos, cambió mucho desde entonces, EE.UU es ahora
un país totalitario, más sutil y por eso más
llevadero que la Alemania de Hitler, en dónde viví
tres años. Lentamente comprendí que sin romper (tengo
allí grandes amigos), no debía instalarme allí.
En realidad, desde mi primer viaje, yo pensaba quedarme en la India,
donde aprendí mucho y estaba muy a gusto. Pero los norteamericanos,
que siempre están a la caza de gente, fueron a buscarme y
me tomaron el compromiso de aceptar una cátedra allí...
Yo tenía que ser el sucesor de Romano Guardini en la Universidad
de München (la cátedra Katholische Weltanchauung).
El rector me lo había pedido en una estancia mía allí,
y yo estaba culturalmente más cerca de Alemania que de EE.UU.
Pero, cuando me la ofrecieron les dije que ya había dado
mi palabra para la cátedra de la Universidad de California.
Finalmente, aquella cátedra fue para Rahner.
¿Se considera un filisteo de la teología,
como decía Teilhard de su relación con los filósofos
de su tiempo? ¿Cuál ha sido su relación con
los teólogos católicos?
Bueno, yo no soy un guerrero, ni siquiera filisteo (guerrillero)...
Además, soy muy consciente de que no soy infalible. Pero
también sé que he sido bastante ignorado por los teólogos
católicos... En una ocasión en que dije una boutade
en un foro, quien estaba presentándome quiso defenderme por
mi peculiaridad, pero otra persona contestó: Es que
Panikkar es impresentable... En realidad, creo que no me han
leído, y por eso me malinterpretan y me atribuyen ideas que
no son mías por insertarlas en un contexto que no es el mío,
posiblemente porque Occidente cree que su contexto es universal
y yo me he preocupado poco en aclararlo. Tuve alguna relación
con Romano Guardini, pero mucha más con Karl Rahner, con
quien tuve largas conversaciones... La frase famosa de que el
cristianismo del futuro será místico o no será
es una frase que pronuncié en una conferencia que él
presidía; él mismo la cita como alguien ha dicho....
Con Schillebeeckx estuve un curso entero en Harvard, pero no hubo
mucha comunicación, aunque lo quise involucrar en algunas
actividades religiosas que yo había empezado en el Center
for the Study of World Religions. A Hans Küng lo admiro
y trato como amigo, aunque discrepamos en algunas concepciones,
sobre todo en la preponderancia y el centralismo del pensar europeo
por encima de las demás culturas y su manera de presentar
una ética mundial, afán muy noble que
comparto, aunque soy consciente del peligro de fundarla en una religión
mundial que sería colonialismo puro. Pragmáticamente
tiene razón y lo apoyo. De cualquier modo, somos hijos de
nuestro tiempo, aunque yo he podido saltarme algunas circunstancias
del mío con mi particular linea karmática. No se puede
enjuiciar el mundo desde un sólo punto de vista, pero no
se pueden tener muchas perspectivas a la vez. De ahí que
el pluralismo requiera la superación, no la negación
de la razón y la centralidad del que yo llamo diálogo
dialógico.
Hábleme de su relación intelectual
con Teilhard de Chardin.
Conozco y admiro a Teilhard y soy vicepresidente de The
Teilhard Centre for the Future of Man, pero hay importantes
diferencias entre ambos. Así, con respecto a nuestra cosmovisión,
él es evolucionista; yo no... En realidad, él no es
propiamente un filósofo, su pensamiento es más el
de un poeta que tiene una visión genial. Él era un
jesuita de los buenos, quería presentar el cristianismo a
su generación de una forma creíble. Yo empecé
a estudiarlo en América, por medio de sus publicaciones y
del trato con gente que lo había conocido. Pero no puedo
hablar de un magisterio de Teilhard sobre mí.
¿Cuál fué su relación
con Heidegger?
Durante mis seis semestres en Bonn antes de la guerra no fui
a ninguno de los cursos de Heidegger, que enseñaba en Freiburg,
pero tuvimos muy buena relación. La primera entrevista fue
muy curiosa; yo había dado una conferencia en Freiburg, donde
él permanecía prácticamente reducido
en su casa, después de la guerra. El tema de la conferencia
versaba sobre El pecado cultural de Occidente. Al día
siguiente de la conferencia, el rector de la universidad vino a
verme diciendo que Heidegger le había preguntado quién
y cómo era ese indio que había dicho por lo
visto cosas importantes y que a él le interesaban.
Max Müller me vino a preguntar con misterio si no me importaría
acompañarlo para visitar a Heidegger; cosa de la que me sentí
muy honrado. A poco de empezar nuestra conversación, Heidegger
olvidó que él era Martin Heidegger y yo sólo
un principiante; los dos estábamos enzarzados en una discusión
sobre si Dios era el Ser Supremo, o Dios era Ser. Yo defendía
que el Dios cristiano era Ser, siguiendo a santo Tomás, y
él que el Dios cristiano era el Ser Supremo aceptando
el monoteísmo abrahámico. Desde entonces me invitó
a visitarlo con frecuencia, relación que mantuvimos durante
mucho tiempo. Eran mis años de la India, cuando yo estaba
metido profundamente en The Vedic Experience2.
Y apenas tenía ocasión de preguntarle nada, puesto
que él mostraba mucho interés por los Veda, sobre
los que me asaltaba a preguntas.
¿Cómo compagina su fascinación
por santo Tomás y la escolástica con su profundo conocimiento
del pensamiento contemporáneo, tan distante de ella? ¿Es
la escolástica la perennis philosophia?
No hay philosophia perennis, puesto que el hombre no
es perenne. Por otra parte, hay escolástica y escolástica...
y yo por talante, a pesar de mi amor por el pensamiento de Tomás
de Aquino, en algunos puntos (no en todos), estaría más
bien en la línea de Scotus. Pero si alguien me achaca: ¿cómo
está de acuerdo usted con esa gente o con san Agustín
que era un misógino, que mandaba al infierno...?, me rebelo,
porque esto de matricular a la gente y empequeñecerla según
nuestras categorías es horrible. Santo Tomás tiene
cosas extraordinarias aunque, como todo el mundo, es hijo de su
tiempo. El problema del pensamiento contemporáneo con santo
Tomás es que desde el positivismo no se entiende a Tomás
de Aquino; somos hijos de Descartes, dualistas. Durante años
frecuenté a dos grandes escolásticos (a su manera)
aunque muy distintos: Santiago Ramírez y Xavier Zubiri. Pero
no quisiera poner etiquetas a nadie. Todo auténtico pensador
es original y originario.
Se ha dicho que usted no cree en la historia.
¿Cómo valora la realidad histórica?
¡Eso de creer!... Yo creo en la historia,
incluso tengo un libro inédito sobre la dimensión
histórica del hombre. Pero no creo en el mito
de la historia que ha articulado Occidente. El mito occidental
de la historia consiste en creer que la historia es el horizonte
de inteligibilidad de la realidad, de manera que cuando algo es
histórico se considera como real, de lo contrario, no lo
es. Un pastor protestante en Vrindâvana, la supuesta cuna
de Krishna, le decía con sorna a un hindú: Jesús
de Nazareth ha existido, conocemos su historia, sus hechos, su vida,
milagros y demás; es una realidad innegable que sigue durando
después de veinte siglos. En cambio vuestro Krishna es una
leyenda y, encima, como tal no es muy edificante... es un mito;
no ha existido, no es algo real. El bueno del vaishnava hinduista
le contesta sonriendo que es verdad, que Jesús es un gran
hombre histórico, como Napoleón lo ha podido ser o
incluso uno de tantos realizados, pero nada más.
En cambio, el Krishna de su corazón y de su fe es lo verdaderamente
real, lo que le mueve. El mito de la historia como marco de toda
la realidad (como suele vulgarmente interpretarse incluso la misma
escatología) me resulta problemático... El mismo Jesús
no es el Señor de la historia, sino una víctima de
la historia.
En consecuencia con la acusación anterior,
se ha dicho que usted cree en Cristo, pero no en el Jesús
histórico3...
Antes de Adán Cristo era, pero Jesús no. Jesús
no es lo mismo que Cristo; esta identidad sólo se da en un
pensar abstracto. El Jesús Resucitado es Cristo realmente,
y éste ya era antes que Adán. En él no hay
ni varón ni hembra, ni cristiano ni gentil... Ése
es el Jesucristo en el que yo creo en quien habita la
Divinidad corporalmente. Si nos limitamos a la historia, hacemos
del cristianismo una secta histórica, que existe solamente
desde hace dos mil años, cuando el hinduismo tiene cuatro
mil. Yo me niego a pertenecer a una secta que tiene sólo
dos mil años y una historia no demasiado edificante. Mi cristianismo,
que tiene una relación trascendental con esto, es de antes
que Abraham; como mi sacerdocio, que es secundum ordinem Melquisedec,
que no creía en Yahweh ni era judío.
Sin embargo, conocemos al Cristo eterno por
medio del Jesús histórico...
Nosotros, ciertamente. Quien ha descubierto en y a través
de Jesús al Cristo ése es un cristiano. Pero Cristo
no se deja limitar por la realidad del Jesús histórico
que es muy real, por otra parte. A mí
me lo habéis hecho (o dejado de hacer) dice el mismo
Jesús en Mateo 25, y no le conocían ni era Jesús
de Nazareth.
Por eso, Pablo reivindica su realidad de apóstol,
al haber experimentado que se ha encontrado con el Cristo tanto
como los demás apóstoles...
En efecto, sin la experiencia mística de encuentro con Cristo
no se le conoce realmente, pues Cristo es más que Jesús...
En la eucaristía está la presencia real de Cristo,
aunque no tengamos las proteínas de Jesús.
Más aún, el cristianismo es la religión
de la Palabra, no la religión del Libro. Si tú
no recibes esa Palabra, no te sirve para nada. Tomás de Aquino
en un lugar de la secunda secundae de su Summa Theologica
arguye tres razones por las cuales Jesús de Nazareth no escribió
nada: la primera, porque un verdadero maestro esculpe su mensaje
en el corazón de sus discípulos; y cita a Pitágoras
y a Sócrates, verdaderos maestros. Segunda, si hubiese escrito,
nosotros hubiéramos sido adoradores de sus escritos, más
que de él la Escritura substituiría a la Palabra
y la Palabra hay que oírla. Tercera, un maestro se fía
de sus discípulos, les confía sus palabras, sin necesidad
de fijarlas exteriormente para siempre. Jesús cree en el
Espíritu Santo.
Hablemos de la Trinidad radical4, un concepto
fundamental en su pensamiento. ¿Monoteísmo versus
Trinidad?
Ningún versus, sino abriendo paso a la Trinidad.
El gran desafío del tercer milenio para Europa y el cristianismo
es que nos independicemos de Abraham, del monoteísmo abrahámico
sin negar sus raíces históricas. El gran desafío
es que el cristianismo renuncie a ser un judaísmo perfeccionado,
cosa que además nos hubiese evitado el antisemitismo... El
paternalismo del cristiano sobre el judío es irritante. El
pensamiento cristiano, en cambio, es trinitario y no monoteísta.
Pero para comprender la Trinidad hay que entender la diferencia
entre el pensar dialéctico y el pensar simbólico,
para superar el primero. La fe cristiana no está expresada
en un razonamiento abstracto, sino en el Símbolo de
los Apóstoles. Sin la perichôrêsis patrística
o el pensamiento advaita, la Trinidad es pura contradicción,
un galimatías, uno en tres, tres en uno... Para comprenderla
tenemos que superar el racionalismo dialéctico, Hegel y la
reductio ad unum que la razón requiere para su
inteligibilidad. El pensar advaita5
es el gran desafío para Occidente y mi gran aliado aquí
es el pensar cristiano trinitario... ¿Por qué la Trinidad
era en los tres primeros siglos el pivote central del cristianismo
y luego se fué olvidando o conviertiendo en algo sin importancia,
inútil para la fe real? No soy marxista, pero tengo la sospecha
de que cuando la Iglesia se convierte a Constantino (con perdón
por la ironía), la Trinidad era un obstáculo para
la monarquía, para el Sacrum Romanum Imperium: con
un Dios único puedes justificar un emperador único
y un papa único con sumo poder. La Trinidad no tiene estructura
piramidal. Jerarquía es otra cosa como su mismo nombre
indica: orden sacro.
Un Señor único arriba, un rey
único abajo; escribieron sobre eso Moltmann y Boff...
La concepción monoteísta fundamenta la concepción
piramidal de la realidad social y de la Iglesia, que es muy cómodo
para justificar un poder omnímodo, tanto político
como religioso: Cristo Rey, Iglesia Romana Universal, un emperador,
un papa, un mercado mundial, un pensamiento único, una cultura
(científica) universal... Pero con un Dios trino, en donde
no manda nadie, ya no es la cosa tan fácil. Por eso, el gran
peligro de la Trinidad es querer reducirla a monoteísmo.
Un error es una verdad de la que se abusa... Dicen que no soy monoteísta,
y yo digo sí, creo en Dios (que no es ningún
Ser), y no, no creo que al misterio divino le cuadre ningún
monos. Yo no niego que existe Dios, la realidad divina. Pero
este Dios no existe solo, sin el Hombre y sin el Mundo. Para pensar
que existen A y B sin contradicción ni reduccionismo monista,
hace falta el pensar advaita, la conciencia intuitiva y mística
que va más allá de lo racional... Lo fundamental para
la con-sciencia humana (como su mismo nombre sugiere) no es la idea
de substancia sino la de relación, como ya reconocía
santo Tomás... El Padre sólo es Padre cuando engendra
y el Hijo sólo lo es cuando es Hijo (cuando está siendo
engendrado). Es necesario intuir esa polaridad para conocer la realidad
divina. El Espíritu es el amor, que los une, de manera no
reductible a lo que la razón puede entender.
El gran divorcio del pensamiento occidental es el divorcio entre
conocimiento y amor: Verbum spirans Amorem, dice en
algún lugar santo Tomás. Por eso yo traduzco el advaita
no como no-dualidad, como han traducido habitualmente
los hindólogos, sino como a-dualidad,
no negación de la dualidad, sino ausencia de la dualidad.
Pero, para darse cuenta de la ausencia hay que amar, uno que no
ama no siente la ausencia da nadie. El darse cuenta de la ausencia
es una forma de consciencia no racionalizable, pero muy real. Yo
no soy irracionalista, pero soy consciente de que hay otras maneras
de pensar y expresarse que la meramente racional. Por ejemplo: decir
yo entiendo que no te entiendo, que es pura contradicción,
no es lo mismo que decir yo soy consciente de que no te entiendo.
El campo de la consciencia es mayor que el campo de la inteligibilidad.
Mi mente no capta lo que dices, pero mi espíritu es consciente
de que no lo capto con la mente. Es la antropología tripartita
que yo defiendo: cuerpo, alma y espíritu.
Ver la polaridad implica haber superado el divorcio entre conocimiento
y amor. En relación con la Trinidad significa que no hay
Padre sin el Hijo ni viceversa. Es la perichôrêsis,
la circumincesio, la relacionalidad radical: esto es la Trinidad.
Por eso, Dios no es Substancia, sino relación. Y en esta
relacionalidad de todo con todo está el cosmos, estamos nosotros:
yo pertenezco a esta realidad cosmoteándrica. Pero no podemos
entrar en esta realidad sino desde la propia experiencia... Decía
bella y femeninamente santa Teresa: Marta y María han
de andar juntas para hospedar al Señor (Moradas VII,
4, 2).
Por otra parte, el pensar advaita se relaciona
con la bakti, el amor... Pero no la bhakti separada del
conocimiento, del jñana, de la gnôsis...
Por eso, la filosofía no es sólo el amor a la
sabiduría, sino también la sabiduría
del amor. Por eso debemos aspirar a ser filósofos y
místicos a un tiempo. Ambos aspectos no sólo no se
contraponen, sino que deben ir unidos, como ha repetido en muchas
ocasiones. En su pensamiento es fundamental la no contraposición
entre filosofía y teología e incluso superar tal distinción,
porque pensamiento y religión están íntimamente
unidos. La contraposición nace con la Edad Moderna y sólo
se comprende desde ella. Esa escisión entre filosofía
y teología es la ruina de la una y de la otra. Por eso deben
volver a caminar juntas, sin subordinarse la una a la otra. En el
discurso inaugural que di al comienzo del curso 2002-2003 en el
Instituto Superior de Ciencias de las Religiones de Vic, hablé
sobre la Muerte y resurrección de la teología.
Se llenó el salón; quizá como nunca. Empecé
diciendo que hacía algunos decenios unos teólogos
habían proclamado que Dios había muerto. Yo veía
sin embargo claramente que Dios seguía vivo y coleando. En
cambio, la que había muerto era la teología; y ello
entre otras muchas razones, porque, contra el mensaje evangélico,
la teología quiso mandar, quiso ser regina scientiarum,
y someter como ancillae a las demás ciencias. La única
opción válida de la teología cristiana es volver
a las Bienaventuranzas, lo demás lleva a la guerra y a la
destrucción. Acaso lo pudiéramos comprender ahora
después de muchos siglos de totalitarismos religiosos no
sólo en el cristianismo. La teología ha muerto por
querer mandar y hacer de la filosofía su servidora. Con ello,
la servidora quedó anquilosada primero en una filosofía
aristotélica de segunda mano, y luego en otras variantes.
Y la teología, presunta reina de las ciencias, se quedó
sin pensamiento, sin crítica, pura superstición...
Acaso el último gran teólogo escolástico, el
dominico Santiago Ramírez, a quien ya he citado, y que fue
mi confesor durante tres años en Salamanca, escribió
una frase que ha quedado grabada en mi memoria: Velle theologiam
addiscere sine philosophia, est velle theologiam intelligere sine
intellectu. La resurrección de la teología
está en acoger la palabra de Dios venga de donde viniere;
saber escuchar y discernir la palabra de Dios en cualquier ser humano
que hable. Descubrir lo que Dios nos dice en el lenguaje de los
hombres, en la vida de nuestros hermanos. Yo debo descubrir que
toda palabra humana auténtica y honesta es una revelación
divina y un sacramento. Ésta es la palabra sacramental que
la teología debe descubrir, criticar e interpretar. Por no
hacer esto, la teología está hoy desprestigiada en
la mayoría de los casos con mucha razón, porque no
escucha la palabra de Dios en el lenguaje de los hombres. Éste
es el gran desafío y la gran esperanza de la Teología
de la liberación, según mi entender.
¿Está de acuerdo con que a Dios
sólo lo podemos comprender realmente en la dirección
de lo personal y que la culminación de la imagen de Dios
es su dimensión personal?
¿Qué significa personal? Aquí
tenemos un malentendido de lesa cultura. Las mismas razones que
arguye santo Tomás para decir que Dios es personal, las pone
Sankara6,
para decir que Dios no puede ser personal. Ser persona es
tener inteligencia y voluntad; aplicar esto al Dios monoteísta
es un claro antropomorfismo; decir que Dios es a imagen y
semejanza de los hombres aunque sea por eminencia y
todo eso que añadimos es un antropomorfismo. En realidad,
la verdadera esencia divina se nos escapa; también en la
definición de un Dios personal7.
Porque el misterio divino siempre se escapa de nuestras categorías,
está en otro orden. Cuando hablamos de Dios persona,
estamos confundiendo el orden divino con el orden humano,
utilizando categorías escolásticas. La verdadera trascendencia
divina no puede expresarse ni siquiera como un Dios super-persona.
De hecho, en la teología patrística no se dice que
Dios sea prósôpon, sino hipóstasis. Pero
hipóstasis no como substancia sino como sujeto de
relación, que en esto consiste la persona. Una persona sola
es pura contradicción.Lentamente vamos comprendiendo que
hoy sólo podemos acercarnos inteligentemente a la realidad
de la Divinidad desde la interdisciplinaridad y la interculturalidad,
dejándonos iluminar y transformar por las diferentes culturas.
Esta visión es muy diferente de lo que suele llamarse multiculturalidad,
que estudia y respeta otras culturas, pero sigue dentro de los parámetros
de la visión occidental científico-técnica.
Los teólogos europeos del siglo XX han elaborado una buena
reflexión, pero solamente dentro de la matriz cultural occidental,
sin llegar a un verdadero diálogo intercultural.
Alguien puede decir que si Panikkar no cree claramente
en el Dios personal, tampoco puede creer realmente en la Trinidad...
Yo diría todo lo contrario. Creo profundamente en el Dios
trinitario; pero como no soy triteísta necesito concebirlo
de otra manera, no desde una concepción substancial, sino
desde una concepción relacional. Si Dios es tres personas,
en el sentido de Dios como substancia personal, es lo mismo que
decir que hay tres Dioses; caemos en un triteísmo, que destruye
la esencia de la Trinidad. El concepto unívoco de persona
no sirve para hablar de la Trinidad, es equívoco como
dice el mismo santo Tomás, pues de lo contrario habría
un primum analogatum, por lo menos formal, superior a las
otras personas. Por otra parte, el concepto de persona aplicado
al Hijo no es el mismo que el aplicado al Padre y al Espíritu
Santo. La única persona verdaderamente en la Trinidad es
el Hijo, el Cristo. Desde un punto de vista filosófico, el
Padre no es propiamente persona; el Espíritu tampoco, por
eso, nunca se ha expresado de modo personal en la tradición
cristiana. Por eso, no hablamos de manera coherente, ni suficientemente
crítica, cuando decimos que lo más fundamental de
Dios es ser persona. Pero a quien no entra en este modo
de pensar relacional es casi imposible hacerle comprender tal cosa
y se establece un verdadero diálogo de sordos.
Yo diría más; el Dios personal no puede ser el Ser
Supremo de un monoteísmo rígido.
Raimon Panikkar también hace cada día
su oración personal y celebra con regularidad la eucaristía
con la Iglesia. ¿Habla con Dios? ¿Su comunicación
es personal? ¿Con quién?
Evidentemente, en mi oración se da una comunicación
personal. Me comunico con Jesucristo: Per Christum, Dominum
nostrum..., que decimos constantemente en nuestra oración
litúrgica. Jesucristo es mi istadevata; en terminología
hindú, esto es la representación de la deidad adecuada
a la devoción personal, pero debería explicar mejor
esta presencia real. En mi oración, la comunicación
con la Divinidad es directa, con Jesucristo, y por él con
toda la Divinidad y con toda la realidad cósmica, humana
y, naturalmente, divina. ¡Estamos en la perichôrêsis8
trinitaria! En Cristo está la plenitud de la humanidad
y de la Divinidad: en Cristo está toda la Divinidad y toda
la humanidad. Hemos hecho una escisión entre el hombre aquí
y Dios allá. Y esto no corresponde a la realidad. Cuando
tu amas auténticamente a tu amigo, a tu hermano, mujer o
hijo amas a todos los hombres. Amas a la mujer concretada en tu
mujer, a todos los hijos hechos carne en tus hijos... Cuando no
es un amor curvus, evidentemente. Cristo es el recapitulador
y mediador de la Divinidad, no un puro intermediario. Por eso osa
decir en el evangelio de san Juan: Quien me ve a mí
ha visto al Padre. Pero le podemos dar la vuelta a la frase
diciendo, contrariamente, quien cree que ha visto al Padre
y no me ha visto a mí (en toda la Creación), no ha
visto al Padre. Quien corta el cordón umbilical y ve
a Jesús de Nazareth como un hombre muy simpático y
muy comprometido, excepcional, pero no ve su divinidad, no ve realmente
a Cristo y no descubre realmente la Divinidad y viceversa.
Pero como he repetido tantas veces, Cristo no es un monopolio de
los cristianos, aunque como nombre sea específico y por tanto
no universal. Y debería completar y acaso corregir lo que
he dicho antes criticando el antropomorfismo teológico en
parámetros escolásticos. Dios es tanto imagen
y semejanza del hombre como el hombre es imagen y semejanza
de Dios y éste es el misterio (y la revolución)
de Cristo: totalmente Dios y totalmente Hombre. Y así interpreto
la frase de Pablo en el Areópago. Aún resulta más
escandalosa hoy esa expresión de los primeros concilios:
María es la Theotokós, la Dei-genitrix,
la engendradora de Dios, porque Cristo es Dios. No les
valió a los Padres conciliares lo de madre de Jesús,
ni siquiera una expresión que podría ser de compromiso,
madre de Jesucristo, o incluso de Cristo. Con la expresión
conciliar, cae por tierra el monoteísmo (Yahveh) y una mala
expresión de la trascendencia. Hemos reducido a Dios a Yahveh,
olvidando realmente la Trinidad; y la expresión conciliar
no se puede entender sin la Trinidad.
Usted es muy crítico con el monoteísmo
y sin embargo se declara cristiano. Pero alguien podría decir:
¡Jesucristo era monoteista!
...Hasta su muerte en la cruz. Ha sido para mí un descubrimiento
muy importante el caer en ello, y aún me emociono al hablar
de esto, consciente de ser una voz en el desierto. Jesús,
el hijo de María, va descubriendo poco a poco la realidad,
su realidad profunda, su persona... y esto va trasformando su pensamiento
y su expresión pública. El judío ortodoxo
acaba siendo muy heterodoxo... y las autoridades judías lo
condenan con mucha razón, por cuestionar a Yahveh, el Dios
monoteísta que sustentaba la religión judía.
Al final, en el último momento de su vida, le sale este sentimiento,
tan íntimo que lo expresa en su dialecto natal, y no es entendido
por los que tenía al lado, ni por los de Jerusalén:
Elohim, elohim, lamma sabactani. Y acaba diciendo:
Padre que no es Yahveh en tus manos entrego mi
espíritu. Y el único testimonio es el de un
no judío, el centurión romano: Este hombre era
Hijo de Dios, blasfemia para los judíos, expresión
de la Trinidad para los cristianos. En el último momento
de su vida histórica, Jesús supera el monoteísmo
de Yahveh y descubre nítidamente su relación intrínseca
con su Padre. Descubre su participación en la vida trinitaria;
se descubre formando parte de la Trinidad. El Dios único
ya no se sostiene con esta expresión de la Divinidad. Pero
se sostuvo muchos siglos porque era más cómodo para
el imperio romano después de Constantino, así como
para el papado y una Iglesia concebida piramidalmente. Esto se completa
con el Cristo Resucitado dando el Espíritu a sus discípulos.
Es la perichôrêsis trinitaria: El Padre no existe
sin el Hijo y ambos no existen sin el Espíritu Santo. Es
un pensar holístico, verdaderamente católico,
relacional, amoroso, que ve la armonía y la relación
sin ver los polos por separado. Hay que superar el pensar dialéctico,
la síntesis de Hegel; un pensamiento que es poderoso, pero
también es peligroso. Necesitamos el tercer ojo9.
¿Jesucristo es divino como nosotros somos divinos?
Hay una diferencia fundamental y abismal: en Jesús, el Cristo,
habita en su plenitud (plêrôma), toda la Divinidad,
y además corporalmente (somatikôs); en nosotros
(aún) no. No confundo Jesús con Cristo ni Cristo con
la Divinidad, pero yo la descubro desde Cristo y en él; él
es mi istadevatâ, la presencia real de la Divinidad.
Y esto me ayuda a comprender frases aparentemente contrapuestas
como: Quien me ve a mí ha visto al Padre, y El
Padre es más que yo. El Padre es la fons et
origo, por tanto formalmente anterior al originado; pero
el origen no sería origen si no hay originado, y éste
no lo sería sin aquél... Son distinciones dialécticas...
sin el tercer ojo no podemos comprender la realidad divina ni
la humana (ni la cósmica). Aunque es necesario afirmar la
diferencia distinción, no separaración; las
distinciones son necesarias para nuestro pensar racional, yo no
las niego, pero no las absolutizo. Entre el Jesús histórico
limitado por la materia, el espacio y el tiempo y Cristo
Resucitado hay una relación a-dual. Jesús es el Cristo,
y quien a través de Jesús ve a Cristo es un cristiano,
como ya he dicho. Pero, en un sentido contrario, Cristo no se puede
identificar con Jesús. Cristo ya era antes de Abraham
y está presente en la eucaristía, presencia real aunque
no contenga las proteínas de Jesús. De
nuevo el pensar trinitario: las diversas personas son iguales
(formalmente) pero infinitamente distintas. No hay nada finito en
la Divinidad.
Hablemos ahora de un concepto fundamental en
su pensamiento: la perspectiva cosmoteándrica?10. Usted ha
presentado en una ocasión su modelo cosmoteándrico
de la Trinidad radical como un mandala intercultural en el que sitúa
dentro de un círculo un triángulo equilátero11,
sus tres lados forman las tres dimensiones de la realidad: el
elemento material (cosmos), el factor de la conciencia
(anthropos) y la impenetrable libertad de la divinidad
(theos). ¿Se pueden equiparar la realidad divina, humana
y cósmica? ¿Existen las tres desde siempre?
En primer lugar me gustaría aclarar qué significa
equiparar; en segundo lugar, no se puede decir es desde
siempre, sino sólo es. La misma pregunta
es contradictoria: desde es un concepto temporal; siempre
pretende no serlo. Por otra parte, este mandala es una expresión
más o menos pedagógica, pero excesivamente escolástica
para decirlo y es una forma inexacta de expresarlo, porque la distancia
entre esos tres lados del triángulo, la distancia
entre el mundo-el hombre-Dios, es infinita. La concepción
cosmoteándrica expresa las tres dimensiones de lo que
llamamos la realidad, nada más, y que he denominado
Trinidad radical a diferencia de la inmanente
y la económica. Pero no podemos pensar realmente
la una sin la otra, puesto que están íntimamente relacionadas.
Pero para poder entrar en ella hemos de pensar la realidad relacionalmente.
Y para ello tenemos que superar el pensar dialéctico, la
pura ratio, y llegar al pensar relacional. En realidad,
esto es algo muy antiguo. Desde el pensar bíblico y toda
la escolástica cristiana, sabemos que conocer es amar, y
amor siempre es relación. La illuminatio intellectus
no puede ser sin la inflamatio affectus y viceversa, dice
de nuevo la Summa Theologica del mal llamado doctor Angélico
porque era en rigor muy humano. Para poder comprender la realidad
en su totalidad, necesitamos la dimensión contemplativa
que nos abre el tercer ojo. Matamos la fe si la reducimos
a un theologumenon de verdades racionales. En la traslación
de esta Trinidad radical al misterio trinitario cristiano:
el Padre representa esta realidad abismal de la libertad (lo que
un Concilio de Toledo llama fons et origo totius divinitatis),
el Hijo la dimensión de la consciencia y el Espíritu
Santo el cosmos, la materia. Pero no podemos caer en dicotomías:
en cada partícula de la realidad está toda la realidad.
Las definiciones las necesitamos para expresar lo que vamos descubriendo,
pero siempre son reducciones que hacemos, y no se pueden absolutizar
nunca. El en un tiempo famoso Libro de los veinticuatro filósofos12
dice que Dios es una esfera infinita, cuyo centro está
en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. No se puede
concebir a Dios como separado del mundo y por ende ni al mundo
separado de Dios. No hay centro sin circunferencia ni circunferencia
sin centro. Pero no se trata de panteísmo: el centro no es
la circunferencia, pero no existen separadamente. El panteísmo
es un error por defecto más que por exceso. La Divinidad
es más que el panta del panteísmo. El pensar dialectico
diría que Dios es un aspecto más de la
realidad, pero el pensar relacional nos dice que la realidad es
la relación entre las tres dimensiones.
¿Qué diría entonces de
la visión evolucionista de la creación y de la vida
del hombre? ¿Qué diría, por ejemplo, de la
concepción teilhardiana?
En primer lugar pienso que no se pueden despachar tales cuestiones
en cuatro palabras. Diría solamente que, desde un punto de
vista pragmático e histórico, etcétera, una
cierta evolución de la vida y del ser humano es palmaria.
El hombre de Neanderthal estaba menos evolucionado que el hombre
del siglo XX. La evolución y la historia están ahí,
son algo innegable. Pero nada más. No digo ni la teoría
de la evolución ni el mito de la historia. Ni la tal
teoría ni el tal mito poseen la clave total
para la comprensión de la realidad cosa que tampoco
afirman, salvo raras excepciones. La visión racionalista-historicista
de la realidad no tiene en cuenta el sentido de la contemplación,
el sentido místico. Además, es una concepción
individualista que incapacita para el conocimiento relacional, el
conocimiento desde el amor. Necesitamos llegar a una ontología
relacional, aunque esta misma palabra también es limitada.
El pensar dialéctico nos rinde conscientes de la contradicción;
el pensar dialógico, de la polaridad.
Teilhard y usted coincidirían aunque
de distinta manera, como hemos visto en una cierta ecosofía
o sabiduría del cosmos, como una relación
radical de Dios, el ser humano y el cosmos. Sin caer en el panteísmo,
¿le valdría el concepto decimonónico de panenteísmo:
todo está en Dios, pero Dios es más que ese
todo?
El panteísmo es erróneo no por lo que afirma, que
forma parte de la verdad, sino por lo que no se atreve a continuar
afirmando: Todo es Dios o, mejor, Dios está en todo, pero
Dios no se agota en ese todo. El concepto de panenteísmo
sólo me gusta en parte; lo que no me gusta del panenteísmo
es que metemos la divinidad en un círculo aparte. Por eso,
lo expreso mejor con la Trinidad radical y su relación
con el hombre y el cosmos, desde mi viejo concepto de ontonomía,
que respeta la diferencia de ambos. Por eso, podemos decir que la
materia es divina, o que Dios es en la materia, o humano.
¿Cómo situar la creación
en su cosmovisión? En la perspectiva cristiana tradicional
la creación no es eterna, ha comenzado a ser en un momento,
sólo Dios es eterno. ¿Cree en la creación como
obra de Dios? ¿Dios se hace con el cosmos o, más bien,
suscita un cosmos que camina hacia la plenitud con él?
Me parece casi irresponsable intentar responder a tales preguntas
fundamentales con una simple parrafada; pero no me puedo negar a
la conversación. Esta pregunta surge de una concepción
lineal del tiempo, a la que es ajena la Trinidad13.
¿Qué es antes, el huevo o la gallina? No hay un antes
y un después... Huevo y gallina
pertenecen constitutivamente al dinamismo del Ser. Absque
aliquo initio procedentem, dicen los Concilios hablando
de la Trinidad y que yo aplico a la realidad por la simple razón
filosófica de que no se puede pensar el inicio del
tiempo puesto que el antes ya es temporal. Querer hacer
teología sin filosofía (y viceversa) deforma nuestros
mismos planteamientos.
Sin embargo los científicos parece que
si hablan de un Universo limitado, con un comienzo temporal del
Cosmos y una evolución desde el gran estallido,
el big bang, hasta hoy. Y a la teología cristiana
de la creación nos venía muy bien un Dios que pone
ese puntito que explota, se expansiona y se va solidificando hasta
formar el mundo que hoy conocemos...
El big bang es una hipótesis que ya no toman
muy en serio los científicos de verdad hoy. De cualquier
modo, no podríamos llegar nunca hasta ese momento cero: es
una transposición muy bonita de una cosmología que
no existe. Y, en cualquier caso, esta teoría no explica la
creación, sino, a todo más, explicaría
este cosmos que ahora conocemos...
¿Entonces, qué significa para
usted la palabra creación?
La creación sería la manifestación del misterio
de la realidad cosmoteándrica ad extra. Lo que llamamos
la creación sería el crecimiento de la vida, que se
expande y es capaz de ser siempre nueva; sus pulsaciones
constituyen el tiempo o los tiempos... Aunque esto es también
una manera de hablar, pues la realidad es la realidad y no se expande.
Es una explicación si se quiere salvar el término
creación, pero yo no lo necesito; para mí
es una hipótesis superflua... Yo creo antes en san Juan:
omnia per ipsum facta sunt (egeneto, llegó
a ser). Por otra parte, la creatio ex nihilo
es un término que apareció en el cristianismo en un
diálogo con Platón. No hay protê, hylê,
materia prima que un Demiurgo plasma. O sea que no hay nada.
Decir de la nada (ex nihilo) confunde. No olvidemos
tampoco que antes y después sólo
tienen sentido desde el ahora de nuevo relaciones.
¿Cómo podemos entender la idea
bíblica de creación?
Como en archê, in principio. Hace años introduje
la palabra tempiternidad, que no significa tiempo,
por una parte, y eternidad (luego) por otra sino dos facetas
(quoad nos) de la misma realidad14.
Tuve la oportunidad de corregir las galeradas de una traducción
del comienzo de la Biblia para una edición inglesa. In
the begining of time se decía como si antes del
tiempo hubiera ya algo temporal. Hasta que no hay una experiencia
personal de esta tempiternidad, vivimos siempre inquietos y casi
siempre angustiados corriendo hacia un fin. Sin contemplación
esto no se puede comprender... Es, también el sentido de
la escatología: si hay un más allá después
de este tiempo, es que el tiempo no se ha acabado... ¿Que
hay antes del tiempo? En una discusión con Prigogine, muy
preocupado por el problema del tiempo, yo le decía que hablar
de después del tiempo o de antes del tiempo
es una contradicción. La eternidad no viene después
del tiempo... En una buena interpretación de la escatología
cristiana, el juicio particular (en el momento de mi muerte) y el
juicio final (presuntamente al final de los tiempos)
coinciden.
Mi juicio va a ser mi juicio al morir, ¡no
voy a tener dos! Pero el problema es que la muerte está ahí,
ante nosotros, con toda su realidad problemática. ¿Cómo
solucionar la aparente contraposición entre la muerte y la
continuidad de la vida?
A esto quiere responder mi metáfora sobre la gota de agua
que cae al mar, que sería el morir, como describen tantos
poetas orientales y occidentales15.
Ningún hombre puede hacer la experiencia de la muerte, sino
sólo imaginarse el morir y experimentar el dolor por
la muerte del ser amado. Si nos empeñamos en ser sólo
gota, al fundirnos en el mar nuestra gota desaparece. Pero si nos
descubrimos no como gota, sino como agua, comprendemos que nuestra
agua no desaparece, ni siquiera deja de ser esta agua.
El concepto agua no tiene límites ni fronteras, pero se trata
de nuestra agua concreta y no de un concepto. Vita
mutatur, non tollitur, canta la liturgia cristiana. No
es un burdo panteísmo, como se achaca a la idea hindú
de la transmigración de las almas; es algo mucho más
sutil. La gota es el individualismo; el agua es nuestro verdadero
ser.
Igual que una Trinidad radical necesitamos un
ecumenismo ecuménico. Usted ha hablado mucho de Ecumenismo
ecuménico, diálogo intra-religioso, no sólo
inter-religioso... Todas las religiones son verdaderas como camino
de encuentro con la divinidad ¿Pero, todas son igualmente
válidas? ¿Hay una esencia del cristianismo que lo
haga realmente diferente de las otras religiones?
Debo hacer una primera observación a los presupuestos
de tu pregunta. ¿Es posible cuantificar la verdad? ¿Qué
quiere decir que todas las religiones sean igualmente válidas?
Nuestras madres son igualmente válidas como madres, pero
son diferentes. Sólo una me ha engendrado, aunque no sea
la mejor. Puede haber y hay, de hecho, aberraciones
religiosas, pero al decir igualmente, estamos introduciendo
una categoría ajena a lo que es la verdad. Una definición
fenomenológica de la verdad es ésta: la verdad
es lo que se busca, no necesariamente lo que se encuentra...
Buscamos la verdad, el bien, la belleza... bajo la forma de placer,
experiencia intelectual, o lo que sea, aunque a veces nos contentemos
con una mera apariencia de verdad acaso para engañar
al vecino. Por eso no puede haber fenomenología en la mentira
pero eso es otro problema. De ahí que me parezca una pregunta
típica desde el pensar moderno, pero no quisiera caer en
su trampa. Me refiero a esa cuasi obsesión de querer clasificar
y cuantificarlo todo incluyendo la verdad. La verdad no se deja
clasificar; sólo, si acaso, un concepto de verdad intelectualizada,
sin amor y según cánones preestablecidos.
En segundo lugar está la cuestión sobre la esencia.
Y aquí es importante introducir la interculturalidad.
Ésta es fundamental para responder a la pregunta sobre la
esencia del cristianismo, que ya se hicieron A. von Harnack, K.
Adam, R. Guardini, K. Rahner... Antes de contestar a la pregunta,
hay que tener en cuenta que la esencia en Occidente, después
de Porfirio, es lo que nos distingue, y lo que nos distingue es
lo que nos hace diferente, superior (distinguido público,
ésta es una dama distinguida...): somos lo que
los otros no son. Consecuentemente, la esencia del cristianismo
tiene que ser algo distinguido que los otros no tienen;
y como nosotros amamos el cristianismo, consideramos que este algo
es superior a todo lo demás. ¿Cuál es la esencia
de Dios... en sentido clásico, occidental? Se dice que es
lo absolutamente Distinto, lo totalmente Otro,
no un gusanito como yo... Pero cuando la India busca el misterio
divino, no busca lo totalmente Otro, sino Aquello que
es tan real que no lo puedo separar de nada, porque está
en todas partes. El Dios semita es distinto, superior, Transcendente...
Brahma no es ni distinto, ni superior ni transcendente... ¡lo
encontramos en la sopa!; es tal real que no lo podemos separar de
nada. Aquí no buscamos lo otro, lo diferente, buscamos lo
que es, y lo que es no-es lo que no es lo otro, sino lo que es.
Cuando yo busco la esencia del cristianismo en el mundo occidental,
busco aquello que distingue el cristianismo de todo lo demás,
busco lo mejor... La pregunta está pues condicionada
por un concepto que ya condiciona e impide la respuesta adecuada...
En tercer lugar, la pregunta versa sobre el ecumenismo ecuménico.
Sólo un par de ideas: el ecumenismo cristiano puede legítimamente
presuponer un fondo común. Este fondo no existe en el ecumenismo
ecuménico. Y esto ha ocasionado muchos malentendidos. Se
dirá que hay un fondo humano común. Pero este fondo
humano común sólo lo percibimos desde nuestro
fondo humano específico. Sólo el diálogo
que he llamado dialogal (y no dialéctico) puede
acercarnos a crear este fondo común. De ahí,
y con ello reacciono muy sumariamente a la cuarta observación,
que sólo si yo siento en mí la problemática
de mi interlocutor podremos entablar un diálogo fructífero.
Es lo que he llamado diálogo intrarreligioso
en el que participamos de la misma problemática aunque
no lleguemos a las mismas respuestas.
Quizás podríamos preguntar, mejor,
¿qué le aporta el cristianismo, en particular, a quien
se acerca libremente a él?
Pues a lo mejor a uno le aporta identidad y salvación,
y a otro le aporta tormento... Para uno es un acicate muy positivo,
para otro le impide ser libre... Depende... Maestro, hace
tres años que le sigo y ¿qué he encontrado
de nuevo?, le dice un discípulo a su maestro. ¿Es
que has perdido algo?, le responde el maestro. Al final del
evangelio de Juan, Pedro, el primado de la Iglesia,
después de decirle a Jesús que le ama y que éste
le encargue apacentar los corderos... le pregunta a Jesús
respecto de Juan, que les sigue ¿Y este qué?.
Y Jesús le responde ¿Y a ti que te va?... Tú
haz lo tuyo, ¿por qué quieres ser el único?
Te acabo de decir algo tan bonito como cuida del rebaño,
y tú te preocupas de lo que va a ser de éste... ¡Déjalo!
¿A ti qué te importa? Tú sígueme y continúa
tu camino, ya está. Es esta forma de pensar lo que
está realmente detrás de la búsqueda de la
esencia, lo diferente del cristianismo... en realidad, buscamos
lo superior... Si uno lo encuentra y le vale, pues muy bien. No
sé si un psicoanalista hablaría de celos petrinos...
A Juan lo amaba también Jesús...
De todos modos, si se puede hablar de alguna
esencia del cristianismo, no es ni su moral, ni su sabiduría,
sino el mismo Jesús de Nazaret, el Cristo; aunque no pertenezca
sólo a los cristianos, lo conocemos a través del personaje
histórico de Jesús y la tradición cristiana.
Sí, estoy de acuerdo con ello, si decimos que nosotros
lo conocemos a través de Cristo... Pero hay otras ovejas.
Tú ama a tu madre concreta y no quieras compararla con la
madre de tu amigo. Lo que mata la verdad son las abstracciones.
El mismo Evangelio nos describe que se puede llegar a Cristo sin
pasar por Jesús: Señor, ¿cuándo
te vimos hambriento, y
?. Ciertamente, siendo paradójico
y escueto, la esencia del cristianismo es Cristo; pero Cristo no
es esencialmente cristiano...
Sí, pero sin identificar de alguna manera
que es lo que aporta cada religión en particular, podemos
caer en un sincretismo deformante...
De acuerdo, pero no todos los caminos son para todos los caminantes.
La metáfora es el camino que se hace caminando y no la autopista
por una carretera ya trazada. He escrito sobre lo que he llamado
el efecto del pars pro toto y del totum in parte. Yo
no defiendo que cada religión sea sólo una parte
del pastel, cada cual tiene entonces un trozo, yo uno, tú
otro... ¡todos contentitos!... Esto es el eclecticismo que
yo no comparto. ¡No! Cada religión quiere el todo:
yo quiero encontrar la verdad y mi plenitud en mi religión,
como tú en la tuya; la encontraremos o no la encontraremos...
Sobre doctrinas podemos discutir mucho, pero la fe no es la creencia.
Si yo en mi religión lo encuentro todo... y tú en
tu religión encuentras otra parte de ese todo, comparemos
nuestras todos, pars pro toto: la parte tiene
la exigencia de ayudarnos a descubrir el todo, llevarnos a la salvación,
la liberación... Ahora bien, el totum lo vemos sólo
en parte, tú en tu parte y yo en la mía. Por
eso, la misma idea de filosofía comparada y religión
comparada es un error que viene del racionalismo francés
del siglo XIX: como se supone que la razón está au
dessus de la melée (por encima de todo),
la razón (preferentemente la mía) se erige en un juez
imparcial que juzga todas las religiones. Pero ¿puedo
yo juzgarlas imparcialmente? En realidad, cada religión,
como cada filosofía, nos ofrece los criterios para juzgar;
no hay una base neutral fuera de las distintas filosofías
o religiones que nos permitan juzgar a los comparanda. Los comparanda
se comparan en virtud de un criterio de comparación que ya
pertenece a uno de los que organizan los criterios, uno de ellos
se erige en árbitro. Pero, ¿quién ha puesto
a nuestra razón de árbitro? ¿En qué
se funda esa razón? En ella misma. Por eso, la filosofía
comparada o la religión comparada es una contradicción...
Hay, eso sí, una filosofía imparativa.
Todos podemos aprender de los otros las religiones también,
aunque sea para reconocer errores. De nuevo el diálogo dialogal
es necesario para la religión comparada. Debemos
aprender a escuchar.
El diálogo intra-religioso16 sería,
entonces, no para juzgar las otras religiones diferentes de la mía,
sino partir de lo que uno es y uno cree, mi experiencia religiosa
concreta, para abrirse a las creencias de los otros... Significa,
quizás, hacerse consciente de que la propia experiencia es
incompleta y entrar en diálogo con el otro para que juntos
descubramos más parcelas de la verdad en un enriquecimiento
mutuo. Pero sin caer en el sincretismo de lo que se le ha
acusado injustamente en más de una ocasión pues
es nefasto para la religión ya que mata toda la riqueza particular.
Eso me parece bien expresado. Ciertamente no se trata de que todos
vayan a ser cristianos o hindúes, etcétera. Se trata
de buscar un diálogo realmente abierto que nos vaya llevando
a una fecundación mutua: el uno aprende del otro. El sincretismo,
que yo llamaría más bien eclecticismo, en efecto,
lleva a un totum revolutum que no ayuda nada a la verdad de la religión,
porque mata toda diferencia, toda riqueza... Chesterton decía
del esperanto (que pretendía ser la síntesis unificadora
de todas las lenguas): Sí, puede ser una gran lengua...
Pero con ella no se puede alabar a Dios ni hacer el amor.
Para poder dialogar con los otros, yo no puedo partir más
que de mi identidad cultural y religiosa, abriéndome a la
de mi vecino. ¿No está escrito que le debo amar como
a mí mismo?
NOTAS
1 El conflicto fue con el cardenal Segura, con
ocasión de un prólogo de Panikkar para el libro de
Jean Guitton La Virgen María (Rialp, Madrid 1952).
El cardenal se enfadó mucho por el tratamiento teológico
de la figura de María y escribió una carta pastoral
muy negativa, condenando el libro, lo que alarmó a
Escrivá. Después de varias conversaciones entre
él y el cardenal, el Padre se decidió por jugar el
juego eclesiástico y aseguró al cardenal que le quitarían
de en medio. Le mandaron a Roma a estudiar buena doctrina.
Era la primera mitad de la década de los cincuenta y ahí
empieza su alejamiento de España y su desvinculación
con el apostolado de la Obra, escribe Alberto Moncada en Historia
oral del Opus Dei, Plaza & Janés, Barcelona 1987,
p.81. Ya anteriormente, había tenído un conflicto
con Escrivá por cuestión de celos: Con motivo
de las muchas peticiones que tenía para dar Ejercicios y
conferencias, en el Opus Dei se dan cuenta de que el protagonista
es Panikkar y no la institución, escribe Moncada (p.104),
por lo que Escrivá decide mandarlo a Salamanca. A estos celos
de Escrivá que llevaron a Panikkar
a Salamanca, alude en una pregunta de mi entrevista: Escrivá
de Balaguer me envió de Madrid a Salamanca, porque yo empezaba
a ser allí demasiado popular. Los estudiantes ya decían:
Raimundo sí, pero Escrivá no.... Por los
años 60 abandonará el Opus.
2
The Vedic Experience. Mantramanjari. An Anthology of the vedas
for Modern Man and Contemporary Celebration, University California
Press, Berkeley-Los Angeles & DLT, London 1977, con varias ediciones
posteriores. Una antología de los Vedas con un largo estudio
introductorio de R.P.
3 La postura contraria a esta afirmación
la encontramos en uno de los libros más recientes de R.P.
(La plenitud del hombre. Una cristofanía, Siruela,
Madrid 1999), donde distingue entre identidad e identificación.
4 Cf. La Trinidad. Una experiencia humana primordial,
Siruela, Madrid 19995. Ver también Iconos del misterio.
La experiencia de Dios, Península, Barcelona 20013; especialmente
el capítulo Experiencia cristiana de Dios, apdo.
2: Concepción cristiana de la divinidad.
5 Advaita, es la doctrina hindú de
la no-dualidad de todas las cosas, que no se puede confundir con
el monismo. Se trata de un sistema filosófico-teológico
y una experiencia espiritual que proviene de la no-dualidad del
mundo y de Dios (a-dvaita, no dos; frente a dvaita,
dualidad).
6 Brahamán sivaí, maestro de la filosofía
Vedanta, que vivió entre la segunda mitad del siglo VIII
y el comienzo del IX. La mayoría de los filósofos
y reformadores de la India medieval dependen de su autoridad, y
sigue siendo citado hoy como autoridad indiscutible. Su doctrina
se funda en el no-dualismo integral advaita.
7 De hecho, Panikkar conoce y acepta muy bien lo
que el Brahma Stra dice sobre la Divinidad (Brahma),
que posee al mismo tiempo una dimensión personal (purusa-vidha)
y otra impersonal (apurusa-vidha). Cf. El Cristo desconocido
del hinduismo, Grupo Libro 88, Madrid 1994.
8
En latín circumincesio, es una expresión utilizada
por los Santos Padres para hablar de la profunda interrelación
del Padre el Hijo y el Espíritu Santo en la Trinidad.
9 Panikkar gusta hablar a menudo del tercer
ojo de Hugo de San Victor y la escuela de los Victorinos
del siglo XII. El teólogo y místico medieval decía
que Dios ha creado al hombre con tres ojos: uno corporal
(realidad sensible), otro racional (realidad que me revela
la razón) y un tercero, el ojo de la contemplación
(visión religiosa y mística); al salir del paraíso
quedó debilitado el primero, perturbado el segundo y ciego
el tercero. Si no se cultiva este último ojo, permanecerá
ciego. Estar fuera del paraíso es exactamente esto: no percibir
ya la Presencia, carecer del órgano capaz de experimentar,
de "ver" a Dios, al que-es, al que-está-con. La
cultura occidental, que ha desarrollado
preponderantemente el ojo de la razón, sufre ahora esta ceguera
de un modo especial.
10 Cf. sobre todo La intuición cosmoteándrica.
Las tres dimensiones de la realidad, Trotta, Madrid 1999.
11 Cf. Elogio de la sencillez. El arquetipo
universal del monje, Verbo Divino, Estella1993, p. 165.
12 Hay una edición reciente en castellano
en la Ed. Siruela.
13 Cf Misterio y revelación. Hinduismo
y cristianismo, encuentro
entre dos culturas, Marova, Madrid 1971, I, 3.
14 La tempiternidad viene a manifestar que
el ser y el tiempo están interrelacionados, de tal modo que
no hay nada que permanezca sin ser tocado por el tiempo, ni siquiera
la eternidad. La realidad no se agota en la temporalidad:
no es ahora temporal y después eterna, sino tempiterna, todo
en uno. Cf. La Misa como consecratio temporis.
La tempiternidad, Sanctum
Sacrificium, V Congreso Eucarístico Nacional, Zaragoza
1961; El presente tempiterno. Una apostilla a la historia
de la salvación y a la teología de la liberación,
en Vargas Machuca, Teología y mundo contemporáneo.
Homenaje a Karl Rahner, Cristiandad, Madrid 1975.
15 El agua y la muerte. Reflexión
intercultural sobre una metáfora,
Anthropos, Barcelona, 53/54 (1985).
16
Il dialogo intrareligioso, Cittadella, Assisi 1988.
© Victorino Pérez Prieto
CONVERSACIONES
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