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LA NUEVA INOCENCIA


Como científico, filósofo, teólogo, Hindú, como partidario del diálogo entre religiones, estará de acuerdo con el hecho de que hoy en día la humanidad se encuentra a sí misma enfrentándose a un desafío: salvar sus enormes desequilibrios entre aquellos que comen y los que no, entre aquellos que parecen vivir bien y aquellos que están pidiendo un cambio a gritos ¿Es posible que el presente estado de cosas continúe?
No, por supuesto que no. La situación actual no puede seguir así por mucho tiempo, y no nos llevará a ninguna parte. Y si las cosas no cambian, la alternativa es la destrucción. Estamos en el final del Kali Yuga. Yo diría que en vez de desequilibrio hay una situación de injusticia que hay que resolver, porque sin justicia nunca podrá haber paz. La paz no es sólo un ideal, es una necesidad, porque la alternativa sería una catástrofe humana y planetaria. Nuestro sistema competitivo, en el que sólo las cosas que pueden tener valor económico están consideradas como valiosas, no puede ir muy lejos.

Entonces, según su opinión, ¿cuál es la mejor forma de vencer a estas injusticias?
Se requiere una regeneración, una revitalización de culturas (en concreto las llamadas culturas "tercermundistas") que significan lo que yo llamo "desarme cultural". La paz no puede llevarse a cabo meramente por un desarme militar. Requiere un "desarme" de las culturas predominantes, el abandono de las actitudes rutinarias en las que se ha desarrollado la cultura moderna y occidental. Esto también incluye dejar que se pierdan o volver a pensar en los valores tradicionales adquiridos, y aquellos que hoy en día consideramos no negociables —como progreso, tecnología, ciencia, democracia y el mercado económico mundial—. Impensablemente nosotros imponemos nuestro sistema de valores como condición indispensable para establecer un diálogo con otras culturas. Pero no hay que olvidar que, al mismo tiempo, el 70% vive en condiciones de inferioridad y degradación, y, por supuesto, es una ofensa hablar de diálogo si las condiciones de igualdad están ausentes, si alguien está pasando hambre y está privado de toda dignidad humana. Si consideramos otras culturas como iguales, no tardaremos mucho en considerar el criterio "moderno" como una condición necesaria para crear la paz eterna para la humanidad.

A través de esta regeneración, ¿cómo podríamos dirigir nuestros asuntos políticos, económicos y sociales para alcanzar la igualdad?
En primer lugar, es importante darse cuenta de que hoy en día no hay sólo un grupo —político, económico, social o religioso— que puede resolver los problemas del mundo. Una transformación o regeneración de la sociedad, de nosotros mismos, de nuestra cultura, no hace efecto si intentamos llevarla a cabo por nuestra cuenta, olvidando el pluralismo inherente de la humanidad.
Muchos de nuestros problemas diarios surgen cuando un grupo pretende imponer su visión, creyendo que sólo existe una solución, y esa solución es, por supuesto, su solución. Esto es el fundamentalismo. Hay muchos modos y grados de fundamentalismo, algunos más destructivos que otros, pero al que me refiero yo es a aquél que está convencido de que nuestras ideas son las únicas que son reales y que ellas son absolutas o al menos definitivas. Es complicado encontrar a alguien con una actitud verdaderamente abierta, limpia de absolutismos.

¿Cómo se traduciría esto a la práctica cuando se trata con asuntos como, por ejemplo, el desarrollo?
Con la cuestión del desarrollo, estamos haciendo lo mismo, de verdad: pretendemos ayudar a aquella parte del mundo que llamamos, más bien con aire paternalista, el "Tercer Mundo", con los parámetros del Primer Mundo. La cuestión Norte-Sur es una parte importante del problema, y no la raíz. En la raíz de esto hay la imposición de nuestra visión de cómo debería proceder el desarrollo, qué debería ser. Nosotros hemos contribuido a su subdesarrollo implantando nuestra noción de qué es el desarrollo en países que son económicamente menos favorecidos que los nuestros. Las naciones no tienen que desarrollarse de acuerdo con lo que nosotros entendemos por desarrollo, pero tendrían que ser libres para hacerse cargo de ellos mismos. Eso quiere decir que nuestro sistema económico tiene en cuenta a la gente, no a las cosas. Si imponemos nuestra idea de que el desarrollo de un país consiste en tener un sistema económico próspero y competitivo, de que la gente de ese país en concreto tiene autos y lleva el mismo estilo de vida que nosotros, entonces estaremos imponiendo nuestra noción de desarrollo. Ellos no son países subdesarrollados, pero sí países en camino de la auto-realización y ahí estamos todos incluidos. Pero, por supuesto, hay problemas de escasez de alimentos, vivienda, asistencia sanitaria y educación que tienen que resolverse lo antes posible.

¿Esto supondría una redistribución de alimento y recursos en general?
No una redistribución entendida como "nosotros, los países ricos enviamos comida y construimos casa en los pobres países subdesarrollados", pero sí una distribución equitativa de tales recursos en cada país. Esto implica que tenemos que hacer que crezcan, por ejemplo, las cosechas desde ese país en particular y construir casas con materiales de allí. Avanzar de esta forma supone un esfuerzo, pero no es un sueño utópico. ¡Creo que hoy en día no comemos alimentos sino "kilómetros"!. Por regla general, no consumimos todo aquello que producimos en nuestros países sino que importamos bastante de otros países.
Hay varias formas con las que podemos ayudar a esos países "subdesarrollados" para que lleguen a ser autosuficientes, pero no imponiéndoles nuestra noción de desarrollo; ese tipo de desarrollo normalmente sirve sólo para agrandar los ya saturados mercados del mundo industrializado. Todos sabemos que hay fuertes intereses económicos que previenen a los países de realizar todo su potencial. El ejemplo de la deuda externa refleja lo que es inmoral en nuestra ayuda.

¿Pueden organizaciones como Naciones Unidas y conceptos como "democracia" continuar siendo nuestras mejores opciones políticas?
Las Naciones Unidas, en vez de una agencia de naciones, parece una agencia de estados, y no es lo mismo. Tratan asuntos políticos, de estado, que obviamente, son importantes para cierta paz externa, pero que no necesariamente tienen en cuenta los intereses de la nación, de la gente. Las Naciones Unidas pueden y deben ser criticadas, pero hoy es la única institución que tenemos para mantener el orden internacional. Debe transformarse desde las raíces, pero no destruirse.
Usted ha preguntado sobre la democracia. No creo que podamos hablar a cerca de una democracia real si no incluimos la idea de consenso. Aceptar una decisión simplemente porque la mayoría decide que no me parece muy natural. El consenso requiere una técnica muy especial, y aún somos "analfabetos democráticamente". Por culpa de nuestra falta de visión y paciencia, siempre escogemos el camino más corto. Tenemos que aprender a poner en práctica el consenso, primero en las comunidades pequeñas y después agrandar el círculo de acción. En algunas comunidades eso ya existe.

Me gustaría seguir ahora con una de sus citas: "Cuando el hombre rompe su conexión con la tierra, queriendo realizarse a sí mismo, se convierte en un monstruo que se autodestruye. Cuando el hombre rompe su conexión con el cielo, queriendo ser su propio guía, se convierte en un autómata que destruye a otros". Ha dicho que ambas, la paz externa e interna, son imprescindibles ¿Cuál de las dos siente Usted que es nuestra correcta relación con el cielo y la tierra?
Podrían existir las dos, horizontal y vertical al mismo tiempo. La individual separada de las otras, o de la tierra o de lo divino, no existe. Nosotros, por naturaleza, pertenecemos tanto a la tierra como a lo divino. Somos partes conscientes y libres de un todo, pero no como marionetas que se pueden manejar fácilmente con hilos, sino más bien nos encontramos a nosotros mismos en el interior de una red o entrelazado cósmico. El ser humano es una persona, no un individuo. Tengo el concepto de persona como "un nudo en una red" de relaciones. Estos hilos nos conectan con nuestros semejantes, con la tierra y con lo divino. Cuanto más consciente es la persona, más cuenta se da de que su persona extiende la mano a los confines del mundo. Esto es un hombre realizado.

Dentro de esta red, ¿cómo aprenderemos a mover los hilos correctos? Tradicionalmente, las religiones nos han servido para proporcionarnos puntos de referencia. Hoy en día, sin embargo, demasiada gente rechaza estos sistemas religiosos porque no tardará mucho en sobrepasarlo, dándose cuenta a la vez que existe otra dimensión de la realidad de la cual todavía no somos conscientes ¿Qué es lo que está cambiando en nosotros?
La realización de que no existe una separación entre nosotros y nuestra realidad, y de esto sale una nueva conciencia, lo que yo llamo una nueva inocencia. En términos generales, emerge desde el conocimiento de nuestra "ignorancia", de saber que nuestro conocimiento no es un conocimiento exhaustivo, no porque conocemos la ignorancia sino porque entendemos nuestras limitaciones: es una conciencia nacida del conflicto del conocimiento. Entonces es cuando superamos el conocimiento a través de un salto de fe, confianza, sensibilidad e intuición. Debajo de todas estas bases debería estar lo que yo llamo Principio Cosmoteándrico, en donde lo que es divino, lo que es humano y lo que es del planeta (dejemos que cada uno encuentre su propia terminología) son las tres únicas dimensiones que constituyen lo que es real. Estas tres partes no están yuxtapuestas simplemente por casualidad, sino que básicamente están relacionadas y todas juntas constituyen el Todo. Son partes porque no son el todo, pero no son partes que puedan estar separadas del todo.

¿Cómo puede ser que los grandes Maestros de las diferentes tradiciones religiosas hayan coincidido aquí? Estará de acuerdo conmigo en que han sido los grandes seres quienes han introducido profundas revelaciones.
Sí, en realidad han existido grandes seres que han introducido nuevas revelaciones que han transformado nuestra forma de concebir el mundo, y si ellos nos han impresionado es porque dentro de nosotros mismos aún tenemos una conexión con lo que nosotros vemos como verdadero. Es decir, no habríamos aceptado sus revelaciones o enseñanzas sino lo viéramos como parte de nuestra realidad.
Por supuesto, la revelación ha sido explicada por varias tradiciones de distintas formas: Dios, la más grande revelación de una luz divina, reencarnación, espíritu, etc. Como quiera que se entienda, es un hecho en la historia que han existido maestros de la humanidad que han sido portadores de sabiduría. Pero a veces los mensajes son claramente diferentes, lo no quiere decir que sean incompatibles o que sean todos ellos iguales: sería una monotonía. La realidad es miscelánea y siempre nueva.

Pero si lo Divino se revela a sí mismo, ¿tendrá algún motivo para hacerlo?.
No quiero parecer un dualista o muy antropomórfico, pero entiendo que podamos hablar de un propósito. Sin embargo, no creo que este plan o propósito esté fijado, como si el mundo estuviera a la merced de un propósito desde el principio de los tiempos. Pensar así nos alienaría de la realidad y nos permitiría apartarnos de las responsabilidades. Lo que se necesita para arreglar los problemas del mundo es unir los esfuerzos de la gente, con una nueva conciencia (o una nueva inocencia). Debemos superar la era del individualismo y las ideologías. Y no estamos solos, que es importante. La nueva conciencia que intenta emerger es una de las que se da cuenta de que hay ciertas cosas que no entendemos pero de las que formamos parte. Sin embargo, nuestra incomprensión no nos excusa de tener responsabilidad. Por el contrario, tenemos que asumirla como si nunca antes lo hubiéramos hecho. Es una labor solidaria, pero eso no será suficiente. Tenemos que invocar ayuda del cielo.

¿Es ahora el momento ideal para recibir ayuda?
Sí. Si antes ha habido manifestaciones divinas, no podemos asumir que nunca volverán a ocurrir. Además, la situación actual del mundo, nueva en la historia de la humanidad, podría ser el momento ideal para una nueva revelación. No sé si a través de los Maestros que vinieron antes o de unos nuevos, no creo que eso sea muy importante. Pero podría ser que esta revelación no tenga mucho que hacer, o al menos no lo parece, con los que conocemos hasta el momento. La realidad siempre es nueva.

 

Entrevista: Carmen Font
Traducción: Laura Aroza

Publicado en Share International, London, Octubre 1996




 

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